En el término municipal de Cerollera encontraremos vestigios prehistóricos. Se confirma la existencia de grupos semi-nómadas de cazadores recolectores, que aprovechaban zonas abrigadas para sus talleres de invierno. Utilizaban una tecnología avanzada en la fabricación de útiles de sílex como prueban los restos hallados en el paraje de “Los Vilarets”.
Más tarde estos grupos se hacen sedentarios y levantan asentamientos rudimentarios estables con materiales del entorno en zonas altas desde donde controlan los movimientos de la caza, los puntos de agua y los caminos. Señales de ello las veremos en “La Solana l´Amagatall” y el “Pí del Sauc”.
Bellas muestras de la cultura megalítica en forma de cistas de enterramiento y campos de urnas se distribuyen por “El Plá”, “Les Valletes” y por la cresta occidental de la sierra de los Avezanos.
Sabemos de la influencia de los colonos iberos sobre las tribus autóctonas por la presencia de cerámica encontrada en sus poblados.
La primera noticia histórica sobre Cerollera aparece en la escritura de donación real del castillo de Kamarón, hoy ermita de Sta. Flora de Mas de las Matas, a los calatravos de Alcañiz en 1.194.
En 1.209 el rey Pedro II concede a la misma órden el castillo de Monroyo con sus aldeas, una de ellas Cerollera para asentar población en esta zona de frontera.
A finales del siglo XIII Cerollera se nombra en la relación de aldeas que aportan diezmos a la Iglesia para las Cruzadas al ser beneficiada por el camino real, que cruza por su término.
En el siglo XV se conocen censados aquí 16 fuegos, unas 70 personas.
En 1.545 el arzobispo de Zaragoza, D. Hernando de Aragón, instituye la vicaría de Cerollera bajo la advocación de Ntra. Sra. del Remedio.
El aprovechamiento de la nieve, conservada en sus tres pozos de hielo, consta en el siglo XVI como un importante recurso económico. Otro era la apicultura, que llegó a asociar más tarde a todos los abejeros en un ligallo regulador de esta actividad.
El siglo XVII constata el ascendente poder de las dos cofradías locales, gestoras económicas y representantes del poder local.
Se concluyen las obras de la ermita de San Cristóbal en 1.616 de la que ya existen noticias hace tres siglos.
A principios del XVIII Cerollera apoya a los Borbones en la guerra de Sucesión contra los Austrias. Las fuertes desavenencias con Monroyo abren numerosos y gravosos pleitos. En el 1.745 Felipe V firma la segregación de Monroyo y concede a Cerollera el título de villa. En 1.762 el nuevo templo parroquial concluye su nueva obra.
En junio de 1.775 nace en esta villa Francisco Secanilla Grau, insigne músico.
En 1.840 Cerollera sufre en las escaramuzas de la II Guerra Carlista la destrucción parcial de la ermita de San Cristóbal y la quema de los documentos de su cofradía. Víctor Pruneda, político republicano confinado unos meses en la localidad, nos narra en su diario sus vivencias en esta época.
En 1.934 Cerollera vive momentos de agitación social con la implantación de los comités revolucionarios por las milicias anarquistas y el desarrollo de la colectivización de la tierra. Su fanatismo destruyó los archivos, que aún se conservaban y acabó con el rico patrimonio artístico ubicado en la parroquial.
El paso del frente, en marzo de 1.938, dejó los pinares sembrados de cadáveres, de restos de metralla y de una feroz represión hacia los vencidos. La posguerra en el pueblo y sus masías fue muy dura acentuada además por la actuación de las guerrillas maquis, opuestas a la dictadura franquista.
La mañana del ocho de agosto de 1.947 la Guardia Civil aplica su política de tierra quemada e incendia el pinar para desalojar a los guerrilleros maquis de sus campamentos. No alcanzó el éxito deseado pero esta acción contribuyó al progresivo abandono de las masías e inició el grave proceso de la emigración con el consiguiente envejecimiento de la población local.
En la actualidad, verano de 2.006, apreciamos un repunte demográfico, en parte gracias a la inmigración de países latino–americanos y a los proyectos agropecuarios, en régimen cooperativo y otras actuaciones con fines turísticos dinamizadas por el Ayuntamiento.