A partir de los años 50, La Cerollera fue un municipio donde la mayor parte de sus vecinos trabajaron en las explotaciones mineras de carbón y arcillas refractarias de su propio término y de los vecinos de Cañada y Belmonte. Para honrar a su patrona, los mineros hacían un día de fiesta. Algunas empresas colaboraban aportando alguna cantidad para el sostenimiento de la fiesta. Se iba a misa por la Santa y a la salida se tomaba un aperitivo en el bar. Después, los trabajadores de cada mina se iban a comer a una casa.
A finales de los setenta, se hacía una comida en el bar local a la que asistían la totalidad de los mineros, aunque cada vez menos. Algunos años se amenizó la festividad con sesiones de baile.
La progresiva jubilación de los mineros veteranos, la mecanización en los tajos y la escasa mano de obra joven hicieron que esta fiesta se perdiera.